Cuento
del mes......
Picto
o la historia de cómo los cuadros dejaron de tener vida
propia.
Hace
mucho, mucho tiempo, existía un mundo paralelo al nuestro
al que iban a parar todos los cuadros con sus personajes: los
que tiraban a la basura y los más cotizados del planeta;
las primeras pinturas rupestres y las obras de Velázquez;
aquellos que fueron colgados en palacios de reyes y aquel que
pintaba cualquier vecino en sus ratos libres.
Era
el mundo paralelo de PICTO.
Al
principio, los primeros habitantes fueron rígidos e imprecisos,
figuras que se adivinaban pero que no estaban totalmente definidas.
Figuras egipcias de perfil, otras tiesas y serias, delimitadas
con gruesas líneas, con colores alegres y festivos…
pero a medida que pasaban los años, los habitantes de
Picto fueron pareciéndose mucho a las personas reales,
algunos difuminados, otros de colores reales, auténticos
dobles de reyes y nobles, y después, también dobles
de campesinos.

Y
por supuesto los animales. El perro que aparece en el cuadro
de las Meninas de Velázquez también era parte
de ese mundo. Picto era, también, su casa. Así,
cuando no estaba trabajando dentro del marco, es decir, posando
inmóvil ante la mirada de los humanos; el perrito tenía
su sitio propio para descansar y jugar moviendo sus entumecidos
músculos con los demás personajes.
Allí
en Picto podían hacer cualquier cosa que quisieran: visitar
otros cuadros, saltar sin parar o dormir muchas horas seguidas.
Lo importante era estar listo para trabajar y posar; lo importante
era que los humanos no se dieran cuenta de que no estaban en
su sitio. Ellos existían porque el hombre los había
pintado y, por tanto, estaban en el mundo para satisfacerles.
Por
eso, había una ley escrita en la sala central de Picto.
Una placa de oro que decía:

Y
para cumplir su labor lo mejor posible, colocaron alarmas a
la entrada de cada habitación humana. Pequeños
circulitos transparentes no más grande que la parte blanca
de las uñas. Dichas alarmas sonaban dentro de Picto.
Así, cuando se acercara una persona, ellos escuchaban
la señal y se colocaban rápidamente. Cada uno
era responsable de su cuadro y mientras todo eso funcionara,
podrían disfrutar de su vida propia y ser felices.
Por
supuesto, alguna vez determinados personajes llegaban unos segundos
tarde. Cosas que pasan. Pero no era especialmente grave si sólo
era un momento. Los humanos siempre han sido un poco torpes,
y acababan creyendo que no habían enfocado bien o estaban
muy cansados… nadie le daban más importancia.
Pero
un buen día, empezaron a llegar a Picto habitantes muy
extraños. Eran deformes, formados por cubos… personajes
que de frente les podías ver la espalda, y el cogote,
y el culete… era divertido mirarlos. El problema era que
no sólo rompían las normas físicamente,
si no en su manera de comportarse también.

Como
no se veían bien las formas, es decir, no eran personajes
reconocibles como el perro de las Meninas, un hombre o una niña,
algunos de esos nuevos personajes pensaron que podían
ausentarse del trabajo sin que nadie lo notara. Y llegó
un día en que lo pusieron en práctica. Las alarmas
sonaron y sonaron, y los demás habitantes no podían
disfrutar de su vida privada. Otros sí aparecieron pero
cambiaron sus poses dentro del cuadro. Esto creó un gran
revuelo entre los humanos que poseían cuadros más
modernos; muchos creían que estaban locos, otros que
tenían alucinaciones, algunos pensaban que seres del
más allá venían a visitarles…
Los
demás habitantes de Picto, al no poder controlar las
alarmas, enloquecieron en pocas horas, y comenzaron a romper
las normas también. El único que se mantenía
fiel a su trabajo era el perro de las Meninas, que se plantó
entre el revuelo y la locura en su sitio y no se movió
de allí.
El
mundo de los humanos se sumió en pocas horas en un profundo
caos. Los personajes saltaban sin sentido de un lado para otro.
Y, de repente, algo muy extraño sucedió en Picto.
Un estruendo acalló las alarmas, el suelo tembló,
y poco a poco, todos sus personajes fueron desvaneciéndose
entre risas de locura. Menos el perro.
En
ese momento, las alarmas desaparecieron del mundo humano, los
personajes aparecieron p et rificados dentro de los marcos y
el perro de las Meninas se colocó en su sitio, derrotado
y triste, a los pies de sus compañeros… Desde entonces,
muchos dicen que de vez en cuando, el perro de las Meninas tarda
a veces unos segundos en aparecer… El caso es que, seguramente,
él sea el único personaje que hoy día,
sobrevive
aún dentro de Picto.

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